Hay momentos en los que algo no va bien: la fe se enfría, la oración se vuelve difícil y la bendición parece lejana. Este mensaje plantea una idea sencilla pero directa: el cambio no empieza cuando todo mejora, sino cuando uno se humilla y vuelve a Dios de verdad. A partir de una promesa clara, se muestra cómo la prueba y el dolor pueden convertirse en un punto de retorno, donde el arrepentimiento abre la puerta al perdón, la restauración y una fe renovada.
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