El mensaje gira en torno a una idea sencilla: cuando Dios obra, la adoración nace sola. A través de ejemplos bíblicos (Moisés, Ana, David, María, Pablo y Silas…), recuerda que alabar no es “un rato de canciones” sino una forma de vivir, también en la prueba. Aunque haya dolor y duelo, se invita a no olvidar lo que Dios ha hecho y a responder con gratitud: si vamos a adorar por la eternidad, empecemos hoy, en cualquier circunstancia.
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